lunes, 7 de febrero de 2011

Así fue


Son las 9:50 de la mañana voy sentada en un vagón de la línea 9 en dirección Herrera Oria. Un hombre de origen sudamericano ha entrado en el convoy y, con una flauta andina de bambú, ha empezado a tocar Así Fue de Isabel Pantoja. No canta, sabe que con la melodía basta. Me he abstraído de una manera brutal y me he sorprendido recordando la mayor parte de la letra de la canción.


Perdona si te hago llorar, perdona si te hago sufrir, pero es que no está en mis manos; me he enamorado. Me enamoré. Perdona si te causo dolor, perdona si te digo hoy adiós, cómo decirle que te amo si él me ha preguntado; le he dicho que no. Soy honesta con él y contigo, a él lo quiero y a ti te he olvidado, si tú quieres seremos amigos, yo te ayudo a olvidar el pasado. No te aferres. No te aferres a un imposible. Ya no te hagas, ni me hagas más daño.

No se si sacar el monedero o dejarlo todo e irme ahora mismo con él a Perú, a vivir una historia de amor desgarrada y brutal que no nos provoque más que sufrimiento y desdicha.




viernes, 4 de febrero de 2011

Alcampo

El supermercado Alcampo es el parque de atracciones de los pobres. Al lado de mi curro hay uno y allí pasamos los días, como pobres que somos. Al principio íbamos a comprar latas para la despensa del curro, a hacer copias de llaves, a la farmacia, a comprar menaje del hogar, árboles frutales -que eran sólo un palo-, tampax y desodorantes en miniatura para el bolso. 

Pero hace algún tiempo descubrimos que dentro del supermercado, en la zona de la bollería, hay un corner de cafetería de un surrealismo magistral. Allí te sientas en una banqueta y pides un café que puedes acompañar con todo el surtido de productos Auchan que venden a granel, pero NO puedes coger producto de las estanterías, eso es para venta del supermercado. Son muy estrictos con sus normas. Al principio cuesta entender la situación, pero enseguida te adaptas y empiezas a disfrutar. Tienen leche desnatada y ponen una “tapa” con el café que puede ser una pequeña napolitana de chocolate o de crema, una pequeño cruasancito o un trozo de bizcocho de 1cm de grosor. Es muy emocionante.

De vez en cuando pasa un carro de limpieza motorizado con una señora de 65 años a los mandos. El carro emite un ruido del infierno y lleva una velocidad aproximada de un metro por hora. Cuesta creer que sea más eficaz que pasar una escoba. Cada vez que pasa nos quedamos en silencio mirando. ¿De verdad hace falta semejante espectáculo de imagen y sonido para mantener limpio el suelo? La señora que pilota la máquina va con la mirada perdida en el infinito, maneja el pequeño volante con una sola mano y deja caer la otra flácidamente hacia un lado. Circula con la cabeza ligeramente caída hacia atrás. Su cuerpo está en Alcampo, pero su cabeza está muy lejos de allí.

investigación II

Estaba haciendo pis en el WC de la izquierda mientras alguien estaba utilizando el de la derecha, que es el tiene el bidé dentro. Escuché claramente el agua correr. Alguien había abierto el grifo y estaba utilizando el bidé. Esperé unos segundos inmóvil sin saber qué hacer. Quería saber quién era y al mismo tiempo no sabía si quería saberlo. Después de eso no podría verla con los mismos ojos. Me la imaginaría usando el bidé en esa postura tan comprometida. Decidí salir corriendo de allí y dar por finalizada la investigación. Pero tuve la mala suerte de haberme puesto un body para venir a trabajar, me falta práctica y tardé más de la cuenta en abrocharme los corchetes de la parte inferior.

Cuando pude salir del WC ella ya había salido ágilmente del baño, sin lavarse las manos. No pude ver su rostro, pero sí pude escuchar sus tacones derrapar por el pasillo. No sonaban a tacón gordo, ni a tacón de goma, ni a cuña, ni a bota, sonaban a pequeño taconcillo tipo chincheta o aguja. El sonido era sin duda el hueco y desagradable de un zapato barato. ¿Seria B con sus tacones de aguja de tela vaquera? Ella es muy aficionada al calzado barato y malsonante pero quién sabe. Tendré que seguir investigando con todas las consecuencias.

investigación I

Es arriesgado prestar atención a los sonidos del baño. Mi investigación me está costando algún que otro capítulo desagradable. Ayer mismo me estaba aplicando una crema antihistamínica en la zona de los lavabos. Tardo un rato porque tengo que extenderla bien por toda la cara, cuello y por detrás de las orejas. Al cabo de un rato pude escuchar como alguien apretaba emitiendo pequeños sonidos de esfuerzo. Me quedé alucinada. Pensé que era algo que se podía evitar. Intenté salir del baño rápido para no ver salir a la persona que estaba dentro. No me dio tiempo y pude ver a Ch salir tan pichi. Se lavó las yemas de los dedos colocándolas debajo del chorro de agua, sin jabón. Me preguntó que qué era eso que me estaba poniendo. Se lo expliqué. Me preguntó que cuántas veces me lo ponía al día. Respondí que dos.

bidé

En uno de los baños de mi oficina hay un bidé. Todo el mundo se ríe preguntándose quién utiliza bidé hoy en día y quién podría utilizarlo en su lugar de trabajo. Pues bien, alguien lo está utilizando. No es la primera vez que, al ir al baño, me encuentro la tapa levantada y la loza húmeda. He iniciado una pequeña y discreta investigación para averiguar quién puede estar lavándose los genitales en la oficina. Ya se que es una cuestión de higiene y que hay personas que no se sienten limpias después de defecar si no utilizan el bidé o se duchan después. A mi me parece bien, aunque por preferir, preferiría que cada uno lo hiciese en su casa. De todas maneras me divierte mucho imaginarme quién podrá ser, hacer conjeturas, atar cabos y agudizar el oído mientras micciono.