El segundo día fue “color”. Lo que en principio parecía más divertido y práctico, se volvió peligroso en mis manos. Encerrada en una sala de reuniones sin ventilación ni luz solar, me sentía como un chimpancé en un laboratorio con todos aquellos productos a mi alcance. Básicamente me puse en la cara todo lo que cayó en mis manos. Base matificadora, corrector, base de maquillaje, lápiz de color y fijador de cejas, perfilador de labios, labial, máscara, sombra duo, polvos de color y colorete.
No era la única que estaba testando en sus propias carnes, la chica que tenía al lado se estaba poniendo fina. Concretamente se puso blanca. Al pasar la hoja de asistencia que debíamos firmar, pude ver que era una encargada de tienda de Elche. Entonces comprendí que era una profesional, no como las demás que se ponían negras. A su izquierda estaba sentada una belleza barriobajera de Bizkaia. La vasca tenía una nariz perfecta sin operar y un tono de voz increíblemente alto. Era de esas personas que enseguida conectan de una manera especial con los homosexuales y se hacen amigos al instante. Así ocurrió entre ella y Antonio.
A las 14h nos fuimos todas a comer pintadas como una puerta al restaurante del hotel NH que había al lado. Allí me senté al lado del formador, la rabalera vasca y la encargada de Elche. El formador contó que él había sido promotor en Murcia hasta enero, cuando había venido a Madrid para ser formador. Que estaba muy contento, que vivía en Getafe porque allí podía aparcar y que tenía pánico al hecho de compartir piso.
La encargada ilicitana contó entonces que a ella le había robado una compañera de piso una vez. No era algo que tuviera mucho valor material, pero sí sentimental. Era una medalla de oro de su padre. Gracias a la colaboración de un amigo policía consiguió pillarla. Había dado su DNI para venderla en una joyería cercana. Desgraciadamente, consiguió localizarla dos días después de que la fundieran. Pero de alguna manera eso la había ayudado a superar la muerte de su padre. Después de eso me comí unos profiteroles con chocolate y un café con hielo y llamé a un taxi para salir derrapando de allí.
