El supermercado Alcampo es el parque de atracciones de los pobres. Al lado de mi curro hay uno y allí pasamos los días, como pobres que somos. Al principio íbamos a comprar latas para la despensa del curro, a hacer copias de llaves, a la farmacia, a comprar menaje del hogar, árboles frutales -que eran sólo un palo-, tampax y desodorantes en miniatura para el bolso.
Pero hace algún tiempo descubrimos que dentro del supermercado, en la zona de la bollería, hay un corner de cafetería de un surrealismo magistral. Allí te sientas en una banqueta y pides un café que puedes acompañar con todo el surtido de productos Auchan que venden a granel, pero NO puedes coger producto de las estanterías, eso es para venta del supermercado. Son muy estrictos con sus normas. Al principio cuesta entender la situación, pero enseguida te adaptas y empiezas a disfrutar. Tienen leche desnatada y ponen una “tapa” con el café que puede ser una pequeña napolitana de chocolate o de crema, una pequeño cruasancito o un trozo de bizcocho de 1cm de grosor. Es muy emocionante.
De vez en cuando pasa un carro de limpieza motorizado con una señora de 65 años a los mandos. El carro emite un ruido del infierno y lleva una velocidad aproximada de un metro por hora. Cuesta creer que sea más eficaz que pasar una escoba. Cada vez que pasa nos quedamos en silencio mirando. ¿De verdad hace falta semejante espectáculo de imagen y sonido para mantener limpio el suelo? La señora que pilota la máquina va con la mirada perdida en el infinito, maneja el pequeño volante con una sola mano y deja caer la otra flácidamente hacia un lado. Circula con la cabeza ligeramente caída hacia atrás. Su cuerpo está en Alcampo, pero su cabeza está muy lejos de allí.

1 comentario:
llorando de la risa estoy, no te digo mas....
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